Cuando hablamos de desigualdad de género solemos pensar en empleo, salarios o conciliación. Sin embargo, hay otro ámbito donde las diferencias siguen siendo muy evidentes: la salud mental.
Los datos muestran que mujeres y hombres no experimentan los problemas de salud mental de la misma manera. Las causas, los contextos y las consecuencias también son diferentes. Y cuando entra en juego la discapacidad, estas desigualdades pueden ser todavía más profundas.
Una realidad que empieza muy pronto


Algunos problemas de salud mental afectan especialmente a niñas y adolescentes. Es el caso de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), que incluyen la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón.
Solo en el Hospital Niño Jesús de Madrid, el número de hospitalizaciones por estos trastornos en menores de 12 años ha aumentado un 22% en el último año.
Detrás de este aumento hay múltiples factores: presión estética, expectativas sociales, comparación constante o una relación complicada con la imagen corporal que empieza cada vez antes.
Las redes sociales también forman parte de este contexto. Diversos estudios muestran que las chicas adolescentes perciben de forma más negativa que los chicos el impacto de plataformas como Instagram o TikTok en su bienestar psicológico.
La exposición permanente, la comparación y determinados modelos de belleza pueden influir de forma distinta según el género.
Violencia y salud mental: una relación directa.


La violencia en la pareja tiene un impacto muy claro en la salud mental. Y aquí también aparecen diferencias importantes entre mujeres y hombres.
El 44% de las mujeres afirma haber sufrido problemas de salud mental derivados de la violencia en la pareja, frente al 19,6% de los hombres.
Es una diferencia significativa que refleja cómo determinadas formas de violencia afectan especialmente a las mujeres y pueden dejar consecuencias emocionales profundas.
Cuando además se suma la discapacidad, el riesgo aumenta todavía más.

Las mujeres con discapacidad tienen entre dos y cinco veces más probabilidades de sufrir violencia que las mujeres sin discapacidad.
Esta situación evidencia lo que muchas investigaciones llaman *discriminación múltiple*: cuando diferentes factores de desigualdad se superponen.
Desigualdades que también se reflejan en lo económico


Las diferencias no se limitan al ámbito de la salud. También aparecen en el acceso a oportunidades, recursos y reconocimiento.
Por ejemplo, las mujeres con discapacidad cobran un 27% menos que los hombres con discapacidad y un 7% menos que las personas sin discapacidad.
La brecha salarial, por tanto, no solo existe: se amplía cuando coinciden diferentes situaciones de vulnerabilidad.
Algo parecido ocurre en el ámbito del tercer sector. Las ONG dirigidas por mujeres gestionan, de media, 5,7 millones de euros, mientras que las dirigidas por hombres manejan 8,9 millones. Es decir, un 36% más de presupuesto.
Esto demuestra que incluso en espacios dedicados a la acción social siguen existiendo diferencias en el acceso a recursos.
Entender los datos para cambiar la realidad
Analizar la salud mental con perspectiva de género no es solo una cuestión estadística. Es una forma de comprender mejor qué está ocurriendo y por qué.
Los datos ayudan a visibilizar desigualdades que muchas veces pasan desapercibidas: en la salud, en la seguridad, en el empleo o en el acceso a oportunidades.
Mirar esta realidad de frente es el primer paso para cambiarla. Porque detrás de cada cifra hay personas, historias y experiencias que forman parte de “La otra mitad de la historia”. Y la historia no termina aquí: durante el mes de marzo iremos actualizando datos sobre historias de género desiguales en salud mental en nuestras redes sociales.